El periodismo escrito ha caminado un largo trayecto que empezó con la publicación del Acta Diurna, conjunto de minutas de negocios, eventos sociales y políticos de la Antigua Roma que se hicieron públicas por órdenes de Julio César en el 59 a. C. Muchos eventos se han suscitado desde entonces, y de ser portador exclusivo de noticias codiciadas por una ciudadanía que no tenía otra forma de enterarse de lo que sucedía, el periodista ha pasado a ser un elemento prescindible, dudoso, a punto de ser desplazado por las nuevas tecnologías.

No es novedad que el comunicador del medio de difusión escrito más antiguo del mundo esté tambaleándose sobre una cuerda como un mal acróbata, recordemos que actualmente los tres diferentes sistemas tecnológicos comunicacionales, el texto, el sonido y la imagen, convergen en uno sólo: la Internet, y que el actor informativo ya no es sólo el periodista, tampoco las agencias noticiosas, sino el propio ciudadano: el individuo común que dispone de una comunicación directa, de entrada y salida, a través del teléfono, del Blackberry, la Lap top, el iPad, la radio, la televisión… de toda una maquinaria interconectada que produce un intercambio informativo sobreabundante y tan veloz, que los que no están al día en materia de física aventuran que se hace a la velocidad de la luz.

El ciudadano pensará, como consecuencia de la enorme disposición de información que él mismo coadyuva ahora a producir, que podría prescindir para siempre de los periódicos que tapizan las ciudades, de ésos que sólo cuentan mentiras o repiten lo que ya todos los otros medios dicen, pero estará equivocado, pues el periódico tiene diversos usos además del de mantenerle informado; ni siquiera necesitará comprarlos, basta con que recoja algunos de los que le regalan en las cafeterías o salas de espera para limpiar con ellos las ventanas de su casa o para envolver los aguacates y las papayas verdes que se madurarán perfectamente.

¿Quién puede reprender al lector por despreciar el medio que lo ha decepcionado? ¿Por qué habría de querer seguir comprando y leyendo un diario que se especializa en pegar boletines o en repetir lo que dicen los demás periódicos o páginas Web, o en guardar silencio ante los abusos del poder y las violaciones de los derechos humanos, o en perpetuar el sistema político que nos está condenando a la pobreza y al analfabetismo funcional? (1)

 

Primer dilema

Al ciudadano común cada vez le cuesta más trabajo creer en la veracidad de los columnistas o de los articulistas o de la gente especializada en desmenuzar y analizar una realidad que parece más de ciencia ficción o del género de terror, que no entiende ni acepta, y que además le da flojera leer porque ya lo vio en la “tele” o en la Internet.

El periodista profesional tiene mucho que ofrecer si se compromete a escribir con claridad lo que expresa, con mayores fundamentos y un mejor estilo, y con algunos principios básicos cimentados en una ética periodística, entre los cuales se encuentran respetar la verdad, investigar los hechos y contrastar datos; ser imparcial y lo más posiblemente objetivo; no difamar ni calumniar, no erigirse como juez pero tampoco ser indiferente; buscar la veracidad y exactitud, y ser responsable con el lector, la sociedad y el Estado.

Aunque la ética se desprende de las decisiones personales más que de las normas sociales, es lamentable que, de acuerdo al dato proporcionado por el maestro Omar Raúl Martínez* en la página 29 de su libro Códigos de ética periodística en México (Editorial Bosque de Letras, México, 2009) sólo existan unos cuantos códigos de ética: “…existen 730 canales de televisión, 1488 emisoras de radio y alrededor de 340 periódicos y unas 460 revistas** … y sólo se conocen cerca de 30 códigos éticos de medios de comunicación”.

Los códigos no purifican ni santifican la labor del informador, cuya vocación lleva suficientes cualidades implícitas, sin embargo, aplicarlos fortalece la veracidad, la independencia, la responsabilidad, la integridad profesional y el servicio, principios rectores de la actividad.

El compromiso del periodista no es menor que la del maestro que tiene la responsabilidad de educar a sus alumnos o que la del doctor que tiene que sanar el cuerpo o salvar la vida de sus pacientes. El periodismo es una profesión sumamente demandante y exigente que depende de la seriedad con que se tome para cumplir su misión cabalmente, y de acuerdo a los casos registrados en México sobre compañeros asesinados o desaparecidos, al presente es una de las actividades más peligrosas.

Súper héroe debería ser el tratamiento que se otorgara al periodista cuando decir la verdad se ha vuelto una opción que incluye la muerte. El miedo a morir, o a ser torturado, se ha convertido en un candado que cierra muchas bocas y en un borrador que desaparece muchas letras, pero también se ha vuelto acicate para respaldar mentiras, para ser cómplice, testigo mudo e invidente atado de manos, pero en ocasiones vergonzosas, con el bolsillo lleno.

Se dice que la credibilidad de los periodistas está en jaque, cómo no habría de estarlo si abundan los especímenes complacientes, los que se “agachan”, los que no pretenden hacer ningún cambio, los que ya no se preguntan nada… Y respecto a la de los medios, ¿qué credibilidad puede tener para la mujer de hoy, uno que junto a la columna o el artículo de opinión siembra la foto de una mujer estupenda, pero desnuda?

¿Cómo ser un buen periodista? Para Javier Darío Restrepo (2), la ética es el desafío que cada ser humano lleva consigo para ser excelente. “La ética no es un conjunto de normas, sino una decisión personal que involucra a la persona consigo misma y una relación de respeto hacia él. Por tanto, cada persona es ética por naturaleza, lo vital es que sea consciente de cuál es esa naturaleza de lo ético” (3). Este especialista en ética periodística dio a conocer, en un taller llevado a cabo durante el 40 aniversario del Colegio de Periodistas de Costa Rica, algunos elementos con los que se hace un buen periodismo. Recordó algunas expresiones del finado periodista polaco Kapuscinscki: “El buen periodista ha de ser ante todo, una buena persona. La profesionalidad del periodista se construye sobre un ser humano, y si es un ser humano de mala calidad, no se puede hacer allí un periodista.” (4)

Restrepo nos dice que el buen periodista debe estar orgulloso de su profesión, tener un sentido de misión, apasionarse por la verdad -pero no sentirse dueño de la verdad-. El buen periodista es autocrítico, elabora conocimiento y lo comparte, tiene sentido del otro y es independiente: “Ser periodista es la oportunidad de cambiar algo todos los días”.

Contar los hechos con fundamentos, sin aventurar juicios, apegados a la verdad. Un profesional del periodismo no puede erigirse en juez sin tener pruebas, ni tampoco levantar falsos. Debe confrontar y verificar, investigar y respaldar. Quienes destrozan las convenciones profesionales del periodismo por lo regular son aquellos que utilizan su espacio en los medios como el escenario cinematográfico de una película en la que no sólo escriben la historia y el guión, sino que además son directores, productores y protagonistas.

 

Segundo dilema

La persona común puede tener a su alcance toda la información que desee si cuenta con Internet, ya sea a través de un teléfono celular o de una computadora portátil o de escritorio. El que quiera estar informado lo estará, aunque pudiera suceder que los datos que reciba no sean verídicos porque no hayan sido verificados; quizá hasta sea objeto de engaños.

Si el receptor no procura mantener una mentalidad crítica, podría ser embaucado. La información que recibe podría carecer de ética, pues antes que manejarse bajo criterios cívicos, se basa en los económicos. El periodismo ya se enfilaba hacia ese destino desde fines del siglo XIX, cuando los empresarios descubrieron su enorme potencial mercantilista y crearon grandes diarios destinados a la venta masiva en la que proliferaban anuncios de una publicidad muchas veces engañosa, descarada y maliciosa, como la de los cigarros de diferentes marcas que eran recomendados por los propios médicos.

Hay que recordar que la independencia de los periódicos viene dada por la autonomía económica que obtiene a través de sus anunciantes. La pregunta que podríamos hacernos es si quedará espacio, dentro del que ocupan los negocios de compraventa, la farándula o el showbiz , para el periodismo serio de investigación, de análisis o de denuncia.

Aunque en libros, revistas y publicaciones semanales especializadas se le brinda un espacio mayor, ¿podrá la prensa aún tomar el papel protagónico de sustento de la democracia, vigilante de la justicia y heraldo de la libertad para la ciudadanía, entre otras misiones “archirequete difíciles”?

¿Cómo puede salvarse el periodista de su extinción? ¿Profesionalizándose, siguiendo un código de ética? ¿Cultivando un estilo literario? ¿Haciendo investigación a fondo…? Creo que lo más importante sería entregarse con todo a la labor periodística; sin trabas en el manejo del lenguaje escrito, sin complicidades con el poder económico o con el político, y sobre todas las cosas, con independencia y manteniéndose en la línea de la verdad. Termino con una frase del libro El estilo del periodista (Ed. Taurus, 2007, México), del escritor y periodista español Álex Grijelmo (Burgos, 1956): “El derecho a la información es sobre todo del lector, no del periodista”. En otras palabras, nuestra prioridad es servir como enlace de los hechos para el lector, ya sea a través de la nota o del análisis, pero nunca a través de manipular la verdad con fines personales o ególatras.

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*Presidente de la Fundación Manuel Buendía, director de la Revista Mexicana de Comunicación; mentor de la materia de Ética y periodismo en la maestría de Periodismo Político impartida por la Escuela de Periodismo Carlos A. Septién en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.

 ** El autor nos remite al texto de Francisco Vidal Bonifaz, Los dueños del cuarto poder. Planeta, México D.F., 2008.

Webliografía:

  1. Se denomina analfabetismo funcional a la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida. Se diferencia del analfabetismo en sentido estricto en que éste supone la incapacidad absoluta de leer o escribir frases sencillas en cualquier idioma. http://es.wikipedia.org/wiki/Analfabetismo_funcional
  2. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) desde 1995. Es periodista desde hace 52 años. Experto en ética periodística, catedrático de la universidad de los Andes y conferencista en temas de comunicación social. Ha sido columnista en El Tiempo, El Espectador, El Colombiano y El Heraldo. Recibió el premio nacional de Círculo de Periodistas de Bogotá en la categoría de prensa en 1993, así como el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1985 y 1986. Además recibió los premios San Gabriel del Episcopado Colombiano en 1994, Germán Arciniegas de la Editorial Planeta en 1995 y el premio latinoamericano a la ética periodística otorgado por el Centro Latinoamericano de Periodismo -CELAP-, auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida en 1997. Es autor de 22 libros y su título más reciente es La Niebla y la Brújula. (http://www.fnpi.org/maestros/directores-de-talleres/javier-dario-restrepo/).
  3. http://www.informador.com.mx/cultura/2011/285020/6/javier-dario-restrepo-cautiva-a-palenque-con-reflexion-sobre-etica.htm
  4. http://www.youtube.com/watch?v=YmjrpOl8kCk

 

Contacto con la autora: analiviasalinas@hotmail.com

Foto (en portada): Omar Bárcena

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