Miguel Ángel Granados Chapa:

Periodista académico 

 

Por Omar Raúl Martínez

 

Insustituible sin duda será la figura de Miguel Ángel Granados Chapa en el entorno periodístico mexicano. Más allá de analista político el autor de “Plaza Pública” conjugó las dotes de historiador, maestro, intelectual, así como estudioso y protagonista de los medios de comunicación mexicanos.
Don Miguel Ángel Granados Chapa fue quizás el primer columnista forjado desde la academia que empezó a incrustar, de manera regular, el análisis y crítica a los medios masivos de comunicación. Baste recordar, primero, el ensayo titulado “Una aproximación a la prensa mexicana”, publicado en julio de 1972, en la edición 69 de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. Ahí, tras ofrecer una somera descripción de los medios impresos, hace un cuestionamiento del régimen legal en la materia. Y desde entonces advirtió que se requerían más estudios de campo, análisis y reflexión.

Para dichas acometidas privilegió la perspectiva jurídica que, desde luego, por haber estudiado derecho, dominaba como pocos. De todo esto queda constancia, como bien refiere Raúl Trejo Delarbre, en tres libros referentes para quienes nos interesa el estudio en torno a los medios: Excelsior y otros temas de comunicación y Examen de la comunicación en México, publicados ambos por Ediciones El Caballito en 1980 y 1981, respectivamente; así como Comunicación y política, editado por la Fundación Manuel Buendía y Océano en 1986.

En suma: Granados Chapa significó un puente entre la vida académica y el ámbito periodístico, pero ante todo fue un precursor del análisis político sobre los medios de comunicación en México, que en los años sesenta y setenta brillaba por su ausencia. Capitalizó para ello su acendrada vocación periodística, sus conocimientos jurídicos, su pasión por la historia y su permanente estudio científico de la comunicación masiva. No fue gratuito que, por ese motivo, desde entonces apoyara a investigadoras como Fátima Fernández Christlieb, Alma Rosa Alva de la Selva y Florence Toussaint, entre otras y otros, quienes constituyeron la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación y de la cual Granados fue miembro activo en los ochenta.

 

Humildad y esperanza

 Dueño de un temperamento ecuánime pero implacable en sus asertos, don Miguel Ángel no estuvo exento de manifestaciones excesivas e incluso injustas hacia algunos profesionales del ámbito periodístico como lo han referido Raúl Trejo Delarbre y Fernando Mejía Barquera. Yo mismo, y particularmente la Fundación Manuel Buendía que presido desde el año 2000, fuimos objeto de duras expresiones suyas. En tres ocasiones –agosto de 1999, agosto de 2001 y julio de 2003–, en su “Plaza Pública” aparecieron sendas críticas que descalificaban y cuestionaban acremente a esta Fundación.El 16 de agosto de 1999 señaló que, con la anuencia del entonces presidente de la FMB, la Revista Mexicana de Comunicación se había prestado a reproducir las palabras de un “boquiflojo” con “la intención de agraviar a Scherer”, en el “número de abril a junio, bajo los siguientes encabezados: ‘Con el albazo de marzo, Proceso ve quebrantado su patrimonio moral. Don Julio Scherer traicionó su palabra: Carlos Marín’”.

Pocos dias después, en las mismas páginas de Reforma, respondí que el referido texto de ninguna manera tenía la pretensión de “agraviar a Scherer” sino “mostrar una versión” (puesto que los nuevos directivos habían preferido evitar declaraciones) sobre “los conflictos dentro de esa revista” habida cuenta que se trataba de un tema de interés público.

Tan lejos estamos de “agraviar” la imagen de don Julio Scherer —añadí en la misma carta— que hace casi tres años (noviembre de 1996), la RMC le dedicó un número especial (el 46) donde se rescató su pensamiento y se valoró su importante aportación al periodismo mexicano.

Además de subrayar que la responsabilidad editorial de la revista concernía única y exclusivamente al actual director desde 1992 (es decir: a mi persona), destaqué el compromiso de la Fundación Manuel Buendía con las libertades informativas pese a los cambios en su cuerpo directivo:

Por todo lo anterior, consideramos imprecisa e injusta la expresión de don Miguel Ángel Granados Chapa que hace referencia a “una fundación que en sus orígenes pugnó por el respeto al trabajo informativo”. En el presente, esa Fundación –aun con magros recursos y gracias a la entrega de un voluntarioso grupo de jóvenes– sigue y seguirá rindiendo frutos en memoria de don Manuel Buendía a través de su Fondo Editorial, sus unidades de trabajo y la Revista Mexicana de Comunicación.

En el segundo envío que data del 17 de agosto de 2001, ante un cuestionamiento similar, ya como presidente de la Fundación refrendé:

Los nuevos directivos de la FMB tenemos la firme voluntad de continuar con la cosecha de numerosos frutos en los campos de la comunicación social. Con orgullo podemos decir que la Fundación Manuel Buendía es tierra fértil y por ello la defendemos con pasión y trabajo.

Don Miguel Ángel Granados Chapa todavía es miembro fundador de la FMB e integrante del Consejo Editorial de RMC. Por tanto, lo invitamos a participar activamente con el fin de fortalecer los rumbos de ambas entidades.

En julio de 2003 don Miguel Ángel tecleó palabras sumamente incisivas pues, al referirse al otrora vicepresidente de la FMB entre 1993 y 1998, escribió que éste había sido “parte del grupo que se apoderó de ella para fines personales”. En lo personal, sinceramente, quedé muy dolido porque las palabras provenían de un periodista que admiraba y que seguí admirando. Respondí en los siguientes términos:
Ignoro los motivos reales de don Miguel Ángel Granados para lanzar sus dardos contra la FMB. Quizás subyace alguna otra razón, porque ¿acaso es refutable el que dicha entidad haya editado más de 80 libros sobre comunicación, que siga publicando la Revista Mexicana de Comunicación cuyo 15 aniversario está por cumplir, o que en su sitio web ofrezca innumerables contenidos para beneficio de estudiantes, investigadores y periodistas, o que procure capacitar a los jóvenes en vías de incorporarse al ámbito profesional?

(…) ¿Se puede decir que alguien se “apodera” de una entidad cuando al verse ésta a punto de sucumbir ante la falta de apoyo de sus fundadores, un reducido grupo de jóvenes optamos por entregarle nuestra energía, tiempo, alma y vida? ¿Cree que le arrebatamos a otros grupos la posibilidad de seguir construyendo la FMB, cuando en no pocas ocasiones hemos tenido que alternar otros empleos para mantenerla en pie?

Si por “fines personales” el columnista quiere hacer referencia al nuevo rumbo profesional tomado por algunos ex miembros directivos tras su paso por la FMB, consideramos respetable su decisión pues entendemos que no están obligados a atar su vida a a un proyecto como el nuestro.

(…) Ahora, si por “fines personales” busca hacer entender algún ingreso turbio o ilícito por parte de quienes encabezamos la Fundación Buendía, sería conveniente que expusiera la información respectiva. No hallará absolutamente nada porque estamos limpios.

Al final de la última carta le reiteré la convocatoria a participar como fundador que era de la Fundación Manuel Buendía.

Cuatro años más tarde, en plena explanada del Zócalo, durante una movilización contra la Ley Televisaefectuada a mediados de 2007, me acerqué a él para darle un ejemplar de la Revista Mexicana de Comunicación que dedicaba su edición más reciente a dicho tema. Para mi extrañeza me saludó muy cálidamente y con suma parquedad me dijo: “Tenemos que platicar. Quiero ofrecerle disculpas. Por favor llámeme para que nos veamos”. Estas palabras bastaron y de verdad valoré más aún su condición ética. La humildad no es un valor muy popular entre el gremio periodístico, pero constaté que sí lo era para gente de la talla del maestro Miguel Ángel. Desde entonces, hay que decirlo, apoyó y participó invariablemente en las actividades convocadas por la Fundación Manuel Buendía, y siempre con el acompañamiento de un querido amigo mutuo: Virgilio Caballero. Incluso prologó y presentó un libro de mi autoría en febrero de 2011 (Semillas de periodismo. Ética, información y democracia), y todavía se dio tiempo, el pasado 30 de mayo, para develar una frase de Manuel Buendía en la Plaza Francisco Zarco, acto organizado por la FMB. En otras palabras: además de ser un gran profesional de la tecla y el análisis periodístico, don Miguel Ángel Granados Chapa fue un nombre solidario y generoso.

Por ello no sobra un homenaje desde las páginas de RMC. Homenajearlo es reconocer y reivindicar la postura de una prensa cuestionadora, pese a las pretensiones controladoras del poder político y económico. Homenajear a don Miguel Ángel es dignificar el oficio del libre pensador que tanta falta hace a las páginas de nuestros medios y que necesitamos estimular desde la universidad.

Brindarle un reconocimiento es ofrecer alicientes a los jóvenes que aspiran a cambiar el entorno. Porque él mismo mantuvo esos afanes de luchar contra el desaliento y el conformismo que apaga el ánimo frente al avasallamiento de los poderosos.

“No nos deslicemos a la desgracia –decía con firmeza–, menos aún caigamos de súbito en el abismo, cada quien desde su sitio, sin perder sus convicciones, pero sin convertirlas en dogma que impidan el diálogo, impidamos que la sociedad se disuelva”.

La pluma, la vida y el pensamiento de Miguel Ángel Granados Chapa nos ayudan a mirar y entender la realidad con la pretensión de reconstruirnos como país y reconstruir la esperanza con ese espíritu que haga que renazca la vida, tal y como esculpió en su última “Plaza Pública”.

  • Facebook
  • Twitter

Enlaces