Educación y medios

Por Omar Raúl Martínez

Resulta indudable hoy día el impacto de las nuevas tecnologías y de las comunicaciones en prácticamente todos los segmentos de la vida cotidiana: están transformando la forma de vivir, de interrelacionarnos, de trabajar, de comprar e incluso de aprender y enseñar. Si la convergencia generada por la Internet ha renovado las pautas del entretenimiento en el siglo XXI, el abanico de posibilidades que empieza a abrir para la educación formal e informal resulta insospechado.

Con la revolución digital, por ejemplo, la Tecnología Educativa (TE) continúa ensanchando su perfil más allá de los medios audiovisuales como originalmente estaba concebida. Y es que desde 1984, la Unesco la describió “como un modo sistemático de concebir, aplicar y evaluar el conjunto de procesos de enseñanza y aprendizaje, teniendo en cuenta a la vez los recursos técnicos y humanos y las interacciones entre ellos, como forma de obtener una educación más efectiva”.

De manera más síntética, Pere Marques sostiene que la TE es la teoría y la práctica del diseño y desarrollo, selección y utilización, evaluación y gestión de los recursos tecnológicos aplicados a los entornos educativos. En otras palabras: se trata de aprovechar los medios tecnológicos para el estímulo, el desarrollo y la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje, con lo cual se aspira no sólo a fortalecer la intercomunicación de profesores y alumnos sino fundamentalmente ampliar los márgenes de captación, digestión y expresión del conocimiento.

En esa lógica vale la pena destacar algunos aspectos que, según el mismo Pere Marques, debe tener en cuenta la tecnología educativa para significarse como una disciplina medular en la Sociedad de la Información: a) conocimientos científicos teóricos asociados a los recursos tecnológicos para saber cómo son; b) habilidades de manejo de los mismos, para saber cómo se usan, c) alfabetización audiovisual (interpretación y uso del lenguaje audiovisual) y sobre las nuevas formas de estructurar información (alfabetización hipermedia); d) alfabetización informática y telemática: uso de los programas informáticos y telemáticos básicos; y e) valoración del impacto y las posibles aplicaciones de las TIC y los mass media en la sociedad y en la educación.

Hablar de tecnología y medios en la actualidad supone referirse a encauzar o perfilar la formación o adopción de hábitos, conocimientos, miradas, conductas o, lo que es lo mismo, sustrato educativo. Estudiar la tecnología y los medios, por tanto, nos remite invariablemente a la educación. Ante la relevancia de este tema no es gratuito que la presente edición de RMC haya convocado a distinguidos investigadores para reflexionar sobre ello. Caridad García y Eduardo Peñalosa, por ejemplo, analizan la alfabetización cultural digital a la que conciben como un proceso que “permite desarrollar capacidades para navegar y comunicarse a través de las TIC”, o como “una habilidad y competencia en el uso del lenguaje multimedia e hipermedia” cual herramienta de trabajo e instrumento de aprendizaje.

Desde la misma perspectiva, Raúl López Parra plantea cómo el entorno digital despliega nuevas brechas al modelo tradicional de enseñanza; Omar De la Rosa reflexiona en torno a los cambios tecno-científicos y el avance de las nuevas tecnologías, que están obligando a las universidades a renovarse particularmente en materia docente; Vicente Castellanos considera que los nuevos medios propician diversas interacciones y están transformando a las sociedades, lo cual obliga a una revisión crítica del cambio cultural; Juan Domingo Farnós observa a las redes sociales como espacios de interacción entre los jóvenes, y trascienden el mero entretenimiento para aprovecharse en el terreno profesional, académico y del aprendizaje; Margarita Espinosa y Caridad García analizan cómo en la educación virtual, los foros de discusión o de opinión constituyen una valiosa herramienta didáctica.

Delia Crovi y Carmen Gómez Mont hacen sutiles llamados de atención. La primera expone una reflexión de sumo interés: Si bien es cierto que a los jóvenes universitarios mexicanos se les facilita el desarrollo de nuevas estructuras y habilidades de pensamiento múltiple que encauzan novedosas formas de aprendizaje, de lectura, de creación de conocimiento y de modos de trabajar, ¿en qué medida los docentes están en el mismo nivel de apropiación? “Se trata sin duda de un tema emergente para la comunicación educativa sobre el cual es importante ahondar”, asierta Crovi.

Carmen Gómez Mont, por su parte, asevera que de poco servirán las nuevas tecnologías en la educación si las instituciones encargadas para ello evitan impulsar planes de estudio que impacten en la docencia; si los sistemas educativos no se renuevan a partir de políticas públicas; y si no existe una real apropiación social de las diversas culturas y lenguas del México multicultural.

Veamos, pues, múltiples aristas de la triada Tecnología-Educación-Medios.

 

(Libreta de Apuntes RMC # 127).

 

 

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