Frutos de un controversial episodio político

Por Omar Raúl Martínez

El retorno del programa informativo encabezado por Carmen Aristegui pone en la palestra pública varios temas que merecen la atención de periodistas y medios informativos si verdaderamente aspiran a convertirse en catalizadores de entramado democrático.

1. La fortaleza de un espacio periodístico radica en su credibilidad manifiesta en la demanda pública del regreso de la comunicadora al dial. Contadas ocasiones hemos atestiguado, como ahora, la protesta social –ya no sólo en las calles sino también en las redes sociales– para exigir de manera airada la reincorporación de un segmento informativo. Tal expresión ciudadana hizo palmaria la necesidad de abrir suficientes y eficientes programas en radio y TV que trasciendan la uniformidad editorial, que se atrevan a escrutar o cuestionar con rigor y sustento a los poderes, que recojan las múltiples voces de la sociedad civil…
2. El respaldo de innumerables radioescuchas a fin de cuentas significó, sin duda, el acicate que indujo la conciliación entre Aristegui y MVS Comunicaciones. Al plantear los nuevos términos del acuerdo contractual, ambas partes manifestaron su apuesta por la autorregulación informativa a través de la difusión pública de su código de ética periodística y la promoción de la figura del defensor de la audiencia. Vale la pena resaltarlo porque la legitimidad y validez de un documento deontológico como el propuesto, se sustenta en su visibilidad y aplicabilidad en beneficio social. Si únicamente se ofrece cual soporte de un convenio contractual, un código ético sólo servirá como prestigiado recurso ornamental para ganar rating, o como instrumento para justificar abusos hacia los informadores, pasando por encima de la libertad de expresión y del derecho a la información.
3. Un código de ética destinado a los espacios periodísticos habla de la disposición mediática y franca voluntad –empresarial y periodística– por respetar y hacer valer los derechos de las audiencias, razón por la cual implícitamente se asume un compromiso de responsabilidad, de búsqueda de integridad profesional, de independencia informativa y del bien común.  Por todo ello no puede tratarse nunca de un documento secreto.
4. La iniciativa de crear la figura del defensor de la audiencia por parte de la empresa y la comunicadora, resulta uno de los frutos más relevantes de este episodio comunicacional, político y social. Se trata de una propuesta oportuna e inteligente habida cuenta que constituye el primer medio electrónico con amplia penetración y de carácter privado que acepta llevarla a la realidad en México. Sin tal decisión, el código ético dado a conocer se quedaría a la zaga en sus nobles afanes. Y es que una propuesta deontológica, si en realidad pretende aplicarse, necesita de organismos que procuren su observancia, como los consejos editoriales, o precisamente como el también llamado mediador con los públicos.  Una de sus tareas medulares consiste en contribuir a elevar la calidad de los contenidos mediante observaciones, críticas, sugerencias o llamados de atención para evitar errores recurrentes o extraordinarios. En el fondo, un defensor o mediador de las audiencias supone la interlocución entre los responsables del medio y sus diversos receptores en un espíritu de construcción colectiva por el bien común, la defensa de los derechos humanos y la corresponsabilidad sociopolítica.
En este naciente proceso autorregulatorio para un medio de comunicación privado como MVS, será menester el acercamiento y la convocatoria hacia las entidades académicas y los organismos civiles cuya participación hoy se antoja crucial.

(Libreta de Apuntes RMC # 125)

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