Omar Raúl Martínez Sánchez

 

Más allá de los tradicionales objetivos del periodismo centrados en informar, interpretar, guiar y divertir, ¿cuáles serían sus principales tareas?

 

Entre los mayores afanes del periodismo tenemos el de contribuir al autoconocimiento de los miembros de una comunidad para definir sus destinos; el de concitar la expresión ciudadana para el progreso social; el de fiscalizar el ejercicio público para inhibir abusos, arbitrariedades e injusticias; el de coadyuvar a elevar el nivel educativo y cultural de la gente; el de hacer más comprensible nuestro país y el mundo para armonizar las relaciones humanas; el de asumirse como un segmento de la comunicación social cuyo mayor propósito político sea servir de contrapeso a los poderes; el de fungir como interlocutor entre gobierno y sociedad que por momentos asume la función de catalizador social…

Y recordando a los teóricos de la responsabilidad social de la prensa, y particularmente el Informe Hutchins, podemos afirmar que el quehacer periodístico debiera ofrecer un recuento equilibrado y veraz del diario acontecer; diseccionar y evaluar el ejercicio de los poderes; brindar un foro para el intercambio de opiniones, críticas y comentarios; promover el debate sobre asuntos públicos y contribuir a la toma de decisiones

informadas; dar espacios de expresión a los sectores diversos de la sociedad, en especial a los más débiles; dar la voz de alerta en beneficio social sobre temas de interés público; y aportar significado y hacer comprender en torno a hechos de trascendencia política, social, económica y cultural. 1

 

Para llevar a la realidad dichos afanes se hace indispensable un entorno democrático. En tal sentido, ¿cómo se vinculan periodismo y democracia?

 

Para responder valdría la pena referir los seis aspectos que distinguen a una democracia de acuerdo con Robert Dahl: a) diversidad y pluralidad en torno a creencias religiosas, posturas políticas e ideológicas, identidades colectivas, intereses culturales, aspiraciones económicas o estilos de vida; b) conflicto, entendido como la confrontación respetuosa e inteligente que genera la diversidad política; c) intercambio crítico y debate, que permite

aprender y mejorar las propuestas de gobierno y de orientación política en una sociedad; d) tolerancia, sin la cual resulta improductivo el intercambio y el debate; e) participación ciudadana, que abre los cauces de la construcción democrática y los avances sociales y políticos; f) transparencia y visibilidad pública del ejercicio político cuyo fin medular es evaluar el funcionamiento gubernamental a fin de mejorarlo y depurar las instituciones que aceitan el sistema democrático.

Los anteriores elementos son consustanciales a la democracia y su ejercicio se potencia a través de los medios de comunicación y particularmente mediante el periodismo que éstos desarrollan. La imbricación entre periodismo y democracia, por tanto, es natural si consideramos que la democracia representativa implica la expresión de la pluralidad y diversidad políticas, así como el debate e intercambio sobre asuntos de interés público, sin soslayar la libre difusión de información e ideas para contribuir a la construcción de ese régimen. Y los vehículos para lograr tal propósito, insisto, en primera instancia lo significan los medios de comunicación, fundamentalmente a través de los espacios periodísticos.2

En su expresión más acabada, el periodismo como tal debiera engarzar sus mejores empeños con los elementos del juego democrático. Diversidad y pluralidad, intercambio crítico y debate, tolerancia, participación ciudadana, así como transparencia y visibilidad pública del ejercicio político constituyen paralelamente los ejes consustanciales a la democracia y al periodismo. Ambos sin esos nutrientes no pueden concebirse en su esencialidad.

La democracia funda, jurídica y políticamente, las condiciones para el ejercicio del periodismo. Pero éste a su vez, puede convertirse en instrumento dinamizador de las pautas democráticas. Es decir: si la democracia tien-de a encauzar las condiciones para el ejercicio del perio-

dismo, sólo de éste depende el que quiera y pueda convertirse en un auténtico instrumento dinamizador de las pautas democráticas.

 

Comunicación política y periodismo

 

En esta dimensión, ¿podemos considerar al periodismo como un segmento de la comunicación política?

 

Así es. Pero para ubicar las cosas en el justo terreno de reflexión, conviene recordar antes los vínculos entre Comunicación y Política. La comunicación, su ejer-cicio originario, por lo regular supone una dinámica de persuasión en la que subyace el propósito de generar un cambio de opinión o percepción o de conducta en los receptores, hecho que a todas luces es un fenómeno político.3 David Easton refuerza tal idea al señalar:

El poder es una orientación o sentido que los hombres dan

a la capacidad humana de influir unos en otros”.4

Comunicación y política se hermanan en su naturaleza primigenia al grado de que incluso, hoy día, la comunicación mediada es el motor definitorio de la política.5

Dicho lo anterior, nos encontramos con que existe un manejo demasiado amplio o flexible sobre las fronteras conceptuales de la llamada comunicación política (CP).

Ha sido conceptualizada desde diversos linderos: la sociología, la filosofía, la politología, la comunicación, etcétera. Por eso no existen definiciones concluyentes. En su esfera suelen considerarse todo tipo de mensajes pro-

venientes de procesos electorales, sondeos de opinión, publicidad y propaganda, comunicación institucional o gubernamental, imagen pública y periodismo político.

Entre el cúmulo de propuestas conceptuales6 destaca la de Dominique Wolton, que define comunicación política como “el espacio en que se intercambian los discursos contradictorios de los tres actores que tienen legitimidad para expresarse públicamente sobre política, y que son los políticos, los periodistas y la opinión pública a través de los sondeos”.

Un enfoque cada vez más aceptado entiende a la comunicación política como el análisis del ejercicio del poder a través de los medios masivos para generar opinión pública. En tal contexto, a decir de Javier del Rey, la CP se ocupa fundamentalmente del flujo de mensajes que mantienen gobernantes y gobernados a través de los medios de comunicación, usando como vehículos a los periodistas.7

Así, pues, podemos afirmar que esta disciplina trasciende la mercadotecnia: conlleva los métodos y estrategias encaminadas a generar mensajes en torno al poder para persuadir a las audiencias y/o electores. Y

una de las plataformas medulares para ello lo significa el ámbito periodístico.

En suma: la CP es un campo de estudio donde confluye el ejercicio y el análisis de la comunicación social, la ciencia política y el periodismo. Por ende son tres actores los que interactúan con discursos frecuentemente

divergentes entre sí: políticos, periodistas y ciudadanos.

 

Entonces, bajo esa lógica, ¿cuáles son los vínculos del periodismo con la comunicación política?

Veamos. La CP ha de buscar la interlocución entre los actores políticos, identificar los conflictos y problemas entre ellos, enfocar los temas de interés social, y encauzar los canales de la participación ciudadana.

De acuerdo con Wolton, la comunicación política tiene tres funciones centrales: contribuir a detectar los problemas públicos a través de los medios, favorecer o impulsar la deliberación pública, y facilitar la visibilidad de ciertos temas desatendidos pero que son de importan-

cia social:

La comunicación política –dice Wolton– es un proceso indispensable para el espacio político contemporáneo, al permitir la confrontación de los discursos políticos característicos de la política: la ideología y la acción para los políticos, la información para los periodistas, la comunicación para la opinión pública y los sondeos”.8

Si entre los afanes de la comunicación política y pública sobresalen –según David Merrit– los de reconectar a los ciudadanos con la vida pública, estimular la participación social ofreciendo información y apoyar los procesos ciudadanos, entonces podemos señalar que una de las vías infaltables radica en el periodismo.9

En otras palabras: una de las vertebras vitales de la CP es sin duda el periodismo. Porque entre las tareas centrales de éste –como veremos más adelante– destacan la de generar ciudadanía para hacer valer derechos

y libertades (precisamente uno de los objetivos de aquella), así como la de garantizar el “cumplimiento de una de las premisas de la democracia: que el poder público se ejerza en público”.10

El periodismo, pues, constituye uno de los combustibles más importantes en el entramado de la comunicación política. Manuel Buendía lo resume con maestría:

No hay sociedad sin comunicación. No hay comunicación sin información.

El periodismo es esencialmente información. Por tanto, el periodismo es un instrumento de la comunicación social y, en consecuencia, el periodismo es parte de la política.

Todo el periodismo pertenece a la política. Es la política en acción. Es siempre el periodismo un acto político”.11

 

 

Notas

 

1) Tomado de Martínez Omar Raúl, Semillas de periodismo. Ética, información y democracia, Universidad Autónoma de Nuevo León, Article XIX y Fundación Manuel Buendia, México DF, 2010.

2) Ibid. Véase también una interesante reflexión sobre el papel de los medios en la construcción de sociedades democráticas en Sánchez de Armas, Miguel Ángel, El enjambre y las abejas. Reflexiones sobre comunicación y democracia, Universidad Veracruana / Fundación Manuel Buendía, México DF, 2003. pág. 13.

3) http://www.ehu.es/zer/zer1/3artrey.htm Javier del Rey Morató, “¿De qué hablamos cuando hablamos de comunicación política?”.

4) Véase Menendez Macín Ana María (Coord.), Comunicación política, UNAM, México DF, 2004. 255 pp.

5) Wolton asienta al respecto: “Toda política llega a ser comunicación política en el sentido de que la política es constantemente objeto de debates y de comunicaciones”.

6) Aimee Vega resume con tino los múltiples acercamientos conceptuales: “Entendida como fenómeno político y social, la comunicación política ha sido definida desde múltiples perspectivas: como actividad comunicativa con efectos potenciales en la política (Fajen, 1966), como intercambio de símbolos políticos (Meadow, 1980), como elemento potencial en la regulación de la conducta humana cuando ésta se encuentra en una situación de conflicto (Nimmo, 1978), como condición necesaria para la legitimación de las instituciones políticas frente a los ciudadanos (Trent y Friedenberg, 1995), como un fenómeno que involucra elementos tales como el poder, la ideología, los conflictos y los consensos (Parés i Maicas, 1990); y finalmente como un espacio más amplio que permea todo el terreno de la actividad política (Wolton, 1992; Gosselin, 1998)”. Véase: Aimee Vega, “Los Escenarios de la Comunicación Politica Mexicana”, Razon y Palabra Núm. 35. Sitio Web: http://www.razonypalabra.org.mx/ anteriores/n35/avega.html

7) Wolton y Et Al, El nuevo espacio público, Colección El Mamifero Parlante, Serie Mayor, Gedisa, Barcelona, España, 1995. 256 pp.)

8) Wolton, Op. Cit; ver también Yolanda Meyenberg en Varios autores, Democracia y medios de comunicación, IEDF, Colección Sinergía # 3, México DF, 2004.

9) Citado por Botero: Luis Horacio Botero Montoya, “Comunicación política, comunicación publica y democracia: Un cruce de caminos”. http://www.robertexto.com/archivo/comu_polit_co mu_publica.htm

10) Meyenber Yolanda, “Imagen mediática: la influencia de la comunicación en la definición de nuevas formas de liderazco político”, en Varios autores, Democracia y medios de comunicación, IEDF, Collección Sinergía # 3, México DF, 2004.

11) Buendía, Manuel, Ejercicio Periodístico, FMB Gobierno de Puebla, México DF, 2003. p. 39.

 

 

 

* Fragmento del libro Repensar el periodismo, de Omar Raúl Martínez, editado por la UAM Cuajimalpa, México DF, 2011.

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